El cohete argentino GRADICOM, ¿ilusión o comienzo?



El historial de la cohetería y misilística argentina supo de tiempos de progreso y brillo. Funcionarios traidores y presiones estratégicas dieron por tierra con décadas de esfuerzos técnicos, ingenieros y científicos que obtuvieron para la Argentina el dominio de materias complejas como el desarrollo de propulsantes compuestos, la navegación a grandes distancias precisa y autónoma, las cargas útiles sofisticadas para el estudio académico y por qué no decirlo, también las de combate para los misiles Alacrán y el Cóndor, hoy denominaciones que pertenecen a una época de la cual nadie quiere hablar y que hace palidecer técnicamente a este pequeño lanzador actual, que intenta tímidamente recuperar tanto esfuerzo que quedó en el camino.
Tras más de veinte años de oscuridad, nuevas políticas del actual gobierno nacional que intentan la recuperación del intelecto y capacidad propias y la posibilidad cierta –a mediano plazo- de colocar un satélite doméstico en el espacio, nos muestra una imagen positiva y el sueño de un renacimiento de la cohetería argentina.
Concatenado con un ambicioso plan que incluye satélites de producción autóctona junto a vectores de lanzamiento de fabricación propia también, cargas útiles importantes y redes de comunicaciones, nos marca la presencia de un potencial tecnológico y humano de excelencia que de cuidarse y potenciarse permitirá logros significativos en materia estratégica y de capacitación industrial, en un sector al cual pocos países pueden acceder y mucho menos progresar.

GRADICOM II
Se trata de un vector de dos etapas con propulsante sólido cuyo fin es la investigación científica y para estudiar la factibilidad de desarrollos posteriores con esta tecnología. El alcance del presente proyecto para este específico caso fue el de probar en vuelo sistemas en un cohete prototipo con ciento veinte segundos de vuelo en el espacio exterior. La Argentina optó por los propulsantes sólidos compuestos debido a la fuerte experiencia que tiene el país en la utilización de estos combustibles, todos los cohetes desarrollados en el país han usado este tipo de propulsantes, que son los mismos que usan el Atlas, el Titán o el Trasbordador Espacial.
Este combustible HTPB (Hidroxil Terminated Poly Butadiene), parecido al Thiokol del Space Shuttle, poseen dos fases –oxidante y combustible- que se asocian, el oxidante es una sal mineralizada con oxígeno, como el Perclorato de Amonio, con alto poder energético, toda esta mezcla requiere una precisa y cuidada unión para luego verterse en el tubo motor.

Este ingenio de dos etapas fue lanzado con una elevación de la rampa de 80º, con un impacto de la primera etapa de entre 4 y 8 kilómetros del punto de lanzamiento, en tanto que la segunda etapa sería a más de un centenar de km. La primera etapa pesa 438kg, mide 3,12m de largo, mientras que la segunda de 495kg posee una longitud de 4,56m y puede portar una carga útil de 60kg. La conformación de este vector es la habitual, con dos motores, cuatro subsistemas como el separador de etapas, la ojiva, aletas y extras, electrónica interna y material de telemetría y navegación.
En este lanzamiento se logró una altitud que orilló los 100 kilómetros y un alcance de 120km, la primera etapa se desprendió a los dos segundos, encendiéndose la segunda a los cinco segundos obteniendo una velocidad final cercana a Mach 5.  Para este proyecto han trabajado más de un centenar de técnicos e ingenieros del Instituto de Investigaciones Científicas y Técnicas para la Defensa (CITEDEF) el nuevo nombre de la ahora ex CITEFA, el Instituto Universitario Aeronáutico (IUA) de la Fuerza Aérea Argentina y la DIGID (Dirección General de Investigación y Desarrollo), que unidos podrán reiniciar una nueva época de desarrollos con el objetivo final de colocar satélites en órbita, de diseño y fabricación nacional.
Por parte del CITEDEF participaron la División Sistemas Balísticos del Departamento Sistemas Guiados y Simulación, las divisiones Navegación, Telemetría y Antenas del Departamento Electrónica, las divisiones Pirotecnia y Propulsantes Compuestos del Departamento de Química Aplicada, las divisiones Materiales Compuestos, Experiencias Operativas y Ensayos Hidráulicos del Departamento Propulsión, la División ensayos Ambientales y los departamentos Prototipos y Sistemas de Armas, todos ellos englobados en la Gerencia de Desarrollos Tecnológicos.
El lugar de lanzamiento
Chamical, ubicada en una gigantesca área semidesértica, pegada a unas formaciones orográficas denominadas Salinas Grandes en la Provincia de La Rioja, fue elegida en los ´40s como polígono de tiro y bombardeo de los cuatrimotores Avro Lincoln que tenían su asiento en Villa Reynolds, San Luis.
Por años funcionó así como un discreto y adecuado lugar para prácticas de la FAA, hasta que en 1961 se creó el Centro de Experimentación y Lanzamiento de Proyectiles Autopropulsados (CELPA), ya que la Argentina había comenzado con una interesante carrera en la cohetería y este era un excelente lugar para los numerosos disparos que se producirían en los años venideros.
Fue el primer sitio de lanzamiento de cohetes en el continente y comenzaría una serie de proyectos importantes para la ciencia y técnica como los Gamma Centauro, Orión, Rigel, Castor, Tauro y tantos otros que permitieron un avance destacado en estas ciencias. Para dar un dato, sólo en el proyecto Castor se alcanzaron los 500km de altura y se obtuvieron importantes parámetros y material fotográfico para investigaciones.
Años después y debido a las cercanías –en otra provincia- de otro salitral que oficiaba de polígono de tiro del Ejército Argentino donde se probaban los cañones de 155mm que salían de la Fábrica de Río Tercero, se conformó una zona de tiro que permitía el disparo de cohetes y misiles a gran distancia con total seguridad y reserva.
Todo esto sirvió para profundizar el desarrollo de la cohetería nacional que alcanzó su cenit con el programa Cóndor, que colocó al país entre el selecto grupo de naciones con ingenios de esta alta tecnología.
Este programa, con alternativas dignas de películas de acción y espionaje, alcanzó su momento más alto en 1989 cuando en este mismo lugar árido se lanzó la primera de las plataformas que derivaría en el mencionado proyecto. Pero como lo bueno dura poco, era inadmisible que un país rebelde como la Argentina intentara poseer tecnologías de avanzada que solamente media docena de naciones tenía acceso.
Para colmo, el país había osado combatir contra un integrante de la OTAN y no había garantías de que su tecnología no se transmitiera a naciones de dudoso pedigrí, todo esto era una mezcla explosiva e inadmisible para los EEUU, Gran Bretaña e Israel y toda la maquinaria de estas potencias se puso en marcha para destruir el programa Cóndor por medio de presiones políticas, económicas, militares que incluyeron, desde la cancelación de créditos hacia el país hasta coerciones directas.
Finalmente, esa guerra silenciosa dio sus frutos y tras la asunción de Carlos Menem al gobierno, se concluyó con el Cóndor y con todo el plan de cohetería argentino, desguazando la mítica planta de Falda del Carmen en la provincia de Córdoba, enviando motores y tubos cohetes vitales, en una vergonzante y oscura operación que incluyó la participación de España firmando un ridículo acuerdo de cooperación científica, que fue la tapadera para enviar allí los restos del Cóndor, en una cinematográfica misión que concluyó con aviones C-5 Galaxy de la USAF transportando de la Madre Patria los materiales hasta un ignoto depósito de los Estados Unidos.
Luego se iniciaría una persecución de los técnicos y científicos, que incluyó presiones dignas de la mejor cinta de Hollywood con seguimientos de los mismos y hasta amenazas con armas incluidas.
Todo el conocimiento fue destruido y los técnicos debieron emigrar o dedicarse a otra cosa para vivir, entrando en un plano de oscuridad por décadas, hasta mediados de 2008 cuando se decide reactivar algunas cosas.El lanzamiento del Gradicom I –a fines de 2009- en el campo de tiro de Serrezuela del EA fue el primer paso, pero para más se necesitaba una instalación mayor y con infraestructura adecuada como plataformas de seguimiento y telemetría, bunkers y casamatas de acero y hormigón, fosas curvas para el desagote de los gases de combustión durante el encendido, edificios de apoyo, pista de aterrizaje, un amplio tendido eléctrico y de comunicaciones más instalaciones que pueden albergar a una gran cantidad de científicos y técnicos.