¿Qué cabe y debe esperarse de los presupuestos de Defensa de 2012 bajo el nuevo Gobierno en España?


En los próximos años, la austeridad será la nota dominante en el Ministerio de Defensa. Si no se producen reformas radicales en la estructura de los órganos del Ministerio de Defensa y las Fuerzas Armadas; todo el recorte impactará directamente sobre la operatividad y, en consecuencia, sobre los proveedores de bienes y servicios. Sin embargo, como ya es conocido por todos, los presupuestos de inversiones en esa cartera han sufrido una caída sin precedentes en los últimos tres años, que se ha unido a la reducción de los créditos del Ministerio de Industria, llevando la demanda generada por el Gobierno a la industria de Defensa a un tercio de la que fue en 2007.

Con otras palabras, de una demanda generada que se mantuvo estable en los 3.500 millones de euros entre 1998 y 2007, hemos pasado a 1.300 millones de media entre 2008 y 2011, sumando los anticipos de Industria y los créditos de Defensa. Este hecho ha provocado que la caída de la facturación de las empresas españolas del sector en los últimos cuatro años haya sido de un 40 por ciento. Si los recortes anunciados se consolidan, la demanda se reduciría a los 750 millones de euros en los próximos años. Y esta cantidad deberá distribuirse, más o menos, entre el mismo número de empresas grandes y medianas que había en 2007.

A esta caída de la demanda se une la especial problemática que afecta al Ministerio de Defensa, basada en los gastos comprometidos para los próximos ejercicios como consecuencia de programas que, en su mayor parte, ya han sido terminados o se encuentran en su fase final de producción. Se debe abonar a las empresas, según ha informado el propio Ministerio, 30.000 millones de euros, que deberán pagarse en los próximos quince años, es decir, 2.000 millones cada año y para este fin, si no se asigna una partida adicional o extraordinaria, sólo existen en el presupuesto de 2011 unos 250 millones.


 Nuevos programas


Como los recortes afectarán notablemente a todos los ministerios, especialmente a los de Industria y de Interior, tampoco existirán nuevos programas en otros departamentos que puedan compensar la caída de demanda desde Defensa. Lo mismo ocurrirá con las comunidades autónomas, que deberán contribuir de manera muy significativa a la reducción del déficit público del estado. En definitiva, para todos los sectores que dependen o que tienen una gran dependencia del sector público, se avecinan años de penurias, ya que la Administración en los próximos años se centrará en el mantenimiento de los servicios públicos básicos y en no incurrir en nuevas inversiones o compras, que deberán esperar a que se supere la crisis; lo que no parece que ocurra antes de 2014.

Los mercados internacionales también están muy afectados por esta situación de recortes, a lo que se une que todos los países están arañando en todas las opciones comerciales, por lo que no existen proyectos predeterminados para nuestra industria en terceros países, u opciones en los que nuestras empresas no aparezcan junto, al menos, otras diez firmas. Nuestra industria dispone de una serie de capacidades muy notables, muchas de ellas exitosas de cara a las exportaciones; pero el ambiente se está tornando más complejo, ya que los países que realmente disponen de recursos para grandes inversiones militares están demandando en sus programas un alto contenido nacional, que favorece a las empresas fabricantes de sistemas sobre los de plataformas, ya que estas últimas son más fácilmente transferibles a terceros países. 
La mayoría de los países que se encuentran entre el Top 30 de mayores inversores en Defensa disponen de algún astillero o de alguna línea de montaje de vehículos blindados. En definitiva, teniendo suerte en los mercados internacionales, la carga real de trabajo que puede quedar en nuestro país será relativamente menor de la que era hace veinte años. Por otra parte, el propio concepto de industria nacional está muy superado por la globalización. La participación española en nuestra industria aerospacial apenas llega al 5 por ciento; y la capacidad en armamento, artillería y vehículos blindados está en manos de una multinacional norteamericana, como es General Dynamics. Por tanto, la capacidad de influir en las decisiones empresariales está muy mediatizada por la realidad  del mercado.

El programa electoral del Partido Popular, que dedica un capítulo específico a la política de defensa, hace hincapié en el fomento de la colaboración público-privada como una vía para logar mayor eficiencia en la gestión de los recursos destinados a este rubro. Sin embargo, estos procesos son costosos, y el cambio a este modelo requiere de una inversión mayor al principio, por lo que existirán dificultades de poner en práctica estas soluciones en los próximos años. No cabe duda que podría ser una herramienta muy eficaz en la gestión del sostenimiento o de instalaciones industriales o de servicios de las Fuerzas Armadas; pero será necesario dotarse de las normas que permitan formalizar contratos de servicios a largo plazo con recursos asignados, así como la utilización del dominio público militar por el sector privado.


Las iniciativas de financiación privada para determinados programas podrían ser una alternativa, o más bien un complemento eficaz para poner en marcha determinados proyectos. Sin embargo, la situación del crédito no está en su mejor momento y las garantías de las administraciones públicas españolas ya no resultan suficientes para avalar la obtención de recursos financieros ajenos para este tipo de contratos.


¿Qué opciones tiene la industria para sobrevivir?


En primer lugar, para que sobreviva el sector tienen que desaparecer muchas empresas de tamaño medio y pequeño, que no tienen capacidad para internacionalizarse y que tampoco poseen suficientes recursos financieros para aguantar una situación de caída generalizada de la demanda en los próximos años. Una política de recorte como la que ambos partidos están planteando llevará a la pérdida de un 50 por ciento del número de empresas que actualmente proveen de bienes y servicios al Ministerio de Defensa. Esto no significa que vayan a desaparecer, pues muchas de ellas buscarán otros mercados en los que puedan ser más competitivas y dejarán la actividad de Defensa.

Esto, desde el punto de vista de la continuidad del sector, es tremendamente negativo, ya que las empresas que lo abandonen y pretendan volver en diez años se encontrarán con una defensa muy diferente en cuanto a procedimientos y tecnologías, de manera que las barreras de entrada serán muy superiores a las que existen hoy en día. Para aquéllas que quieran y puedan sobrevivir, la consolidación será una necesidad para dotarse de una masa crítica, reducir duplicidades y aprovechar sinergias. Nadie mejor que las propias empresas saben cuáles son sus opciones; pero en un sector donde el intercambio de información es limitado, las capacidades de decisión de cada empresa unilateralmente son menores a un mercado abierto. 
De ahí que sea tan importante la dirección del cliente único, el Ministerio de Defensa, que realmente en este mercado que calificaríamos de monopsonio, disponiendo de una mayor cantidad de información que el resto de agentes del mercado. Es decir, del nuevo Gobierno debe esperarse una serie de decisiones que tiendan a favorecer la consolidación industrial, de manera que España tenga un sector de defensa más fuerte y más competitivo. Sin embargo, las posibilidades para la consolidación son muy escasas si no existen inversiones añadidas o nuevos programas sobre los que asentarla. Consolidar miseria sólo conduce a más miseria.
La consolidación horizontal, entendida como fusión de empresas similares para captar una mayor porción de mercado a nivel nacional, parece muy complicada y apenas podría darse entre empresas de armamento y munición y en las de tecnologías de la información. La consolidación vertical entre plataformistas y sistemistas, que sería el modelo de British Aerospace o Finnmecanica, no ha producido empresas más competitivas, de lo que se quejan de sus propios gobiernos. Este tipo de fusiones tiende a crear situaciones de monopolio que acaban incidiendo en los costes y en menor competitividad. Algún ejemplo de consolidación vertical podría ser entre un plataformista naval y un sistemista.

Sin embargo, no parece que de una decisión de este tipo se pueda derivar una situación de mejora competitiva para la nueva compañía. Si el plataformista está obligado a instalar determinados sistemas de su nueva empresa hermana, eso redundará en menor flexibilidad y en costes incrementados. Las fusiones internacionales tampoco parecen posibles, ya que, a la vista del mercado nacional, ¿cuál es el beneficio de fusionarse con una empresa española y no con una coreana o turca, cuyos gobiernos continúan gastando mucho más que España en sus programas militares y, además, son empresas que tienen unos números más saneados?


El mercado europeo de defensa


Hay que señalar, asimismo, que la evolución del mercado europeo de la defensa en los últimos años ha perjudicado notablemente a los intereses españoles. Por una parte, nuestra adhesión al código de conducta en materia de offset ha llevado al abandono de la política de cooperación industrial, que tan buenos frutos dio en el pasado en nuestro país y que utilizan todos nuestros potenciales clientes internacionales, precisamente para proteger sus intereses industriales y económicos, de manera que el dinero del contribuyente español se quede en la medida de lo racional y posible en nuestro país. Igualmente, la promulgación de la Directiva sobre compras en defensa de la Comisión Europea ha supuesto un ataque directo a los intereses de nuestra industria. Por una parte, no tiene sentido que, careciendo de una política de defensa europea, el mercado deba estar sujeto a las mismas reglas que el resto de políticas que sí tienen nivel comunitario. Esto representa una profunda disfuncionalidad, ya que la apertura del mercado será mucho más radical, al no estar compensada por los mecanismos que marcan el funcionamiento de la política europea. Por otra parte, la no aplicación de la excepción del Artículo 296 del Tratado de la Unión marca una liberalización de la mayor parte de las compras de defensa. Pero abrir el mercado de la demanda sin adoptar medidas de equilibrio desde el mercado de la oferta implicará que sólo las grandes empresas, especialmente francesas y alemanas, sobrevivirán frente a un conjunto de países y empresas que apenas cuentan en el mercado europeo de la defensa y la seguridad.

La internacionalización de la empresa española es la frase clave de los momentos que estamos viviendo. Ahora toca exportar para compensar la caída de la demanda interior. Sin embargo, no hay empresa o sector en el mundo industrial que tenga la flexibilidad suficiente para un cambio de tanta trascendencia. Es decir, después de pasar décadas viviendo del mercado interno, buscar en los mercados internacionales la solución a los problemas domésticos es un ejercicio que requiere mucho esfuerzo y tiempo y con estos elementos podremos ser exitosos sólo en un porcentaje muy bajo. No cabe duda de que el mercado de la exportación está muy complicado, tanto por la contracción de la demanda a nivel internacional, como por las políticas proteccionistas de los grandes consumidores de material de defensa. 


Sin embargo, estimo que podría haber opciones para un cierto crecimiento en el mercado internacional si el nuevo Gobierno se toma en serio este tema y lo agarra por los cuernos. Para ello es necesaria una fuerte implicación en el negocio de la defensa; es decir, una participación activa y proactiva en la búsqueda de oportunidades y la protección de nuestros proveedores de armamento. Debe además incluir al propio Gobierno como exportador y utilizarse todas las armas de la política exterior para buscar contratos para nuestras empresas. Esto significa un Gobierno que no pretenda hacer de la política de defensa una acción encubierta; un Gobierno que no le importe mojarse para apoyar a un sector que no es popular y que en muchos casos deberá hacer negocios en países que en algunos casos pueden presentar dudas razonables.
El mercado de la defensa se basa en la excelente relación política y en la colaboración a nivel nacional. Hoy en día las decisiones en materia de compras, y hablo de las grandes adquisiciones, están condicionadas por decisiones globales. Por ejemplo, una adquisición de un sistema puede estar supeditado a inversiones en el país, u obtener determinados pactos comerciales con la Unión Europa, o cierta política con respecto a los inmigrantes, etc. Es decir, que sólo con un alto nivel de coordinación podremos encontrar vías de mayor competitividad y éxito en el mercado exterior. También necesitamos que exista un apoyo financiero a la expansión internacional.


La internacionalización


El mercado de las compras gubernamentales, especialmente en el caso de la defensa, es a veces demasiado opaco y se ocultan prácticas que deberían estar sancionadas; entre ellas la financiación preferente para determinadas compras. Pero al final todos nuestros competidores lo hacen, de una forma más directa o indirecta. Es necesario dotar a las empresas de instrumentos que permitan financiar sus ventas a terceros países, de manera que puedan entrar en opciones mucho más abiertas. Por ejemplo, los acuerdos de colaboración público-privada entre gobiernos o Ministerio a nivel internacional serán sin duda el elemento más dinamizador del mercado de la defensa a medio plazo, y ello requiere que los gobiernos obtengan mecanismos de financiación que hagan a nuestras empresas más competitivas, entrando en acuerdos donde el elemento político-financiero se torna más importante que el coste final o la mayor o menor sofisticación del equipo adquirido.

Otra vía para la internacionalización es la búsqueda de socios industriales o tecnológicos internacionales que permitan el acceso a nuevos mercados y tecnologías. Y en este punto, el apoyo del los créditos de I+D resultará crucial. Por ejemplo, el Departamento de Defensa norteamericano tiene cientos de programas de desarrollo de últimas tecnologías en los que sería de interés para nuestras empresas participar en condiciones de igualdad, como ya ocurrió en otros comunes entre ambos países en el pasado. Disponer de fondos para entrar como socios en estos programas puede resultar crítico para dotarnos de una capacidad añadida que nos mantenga en una situación de preferencia tecnológica, que marcará el futuro del mercado de la defensa.
Como conclusión, el sector industrial de la defensa en España se enfrenta a los mayores retos que ha conocido en su historia reciente. Como los recortes son previsibles, y serán muy severos, si no se producen decisiones y reformas de calado, producirán un efecto devastador en la industria y, por ende, en nuestra seguridad. Parte de estas soluciones están en el lado del Gobierno, que en este mercado y en la disminución del impacto de los recortes tiene mucho más que aportar que el sector privado. Para este último, la consolidación o la salida del mercado pueden ser soluciones. La primera, resulta muy complicada por la propia dimensión del doméstico. La salida del mercado de la defensa tiene unos costes muy altos, tanto por la pérdida de empleos, como por la merma de capacidades, que podrían ser muy necesarias cuando se produzca la salida de la crisis.

Es de esperar que el nuevo Gobierno no adopte un criterio generalizado de recortes, ya que no producen los mismos efectos en todos los ministerios. Una reducción de la inversión en carreteras genera un impacto menor, por su mayor grado de internacionalización, por su diversidad entre cliente público y privado y por tener una menor complejidad tecnológica. Los mismos recortes en el sector defensa implican directamente la desaparición de la industria, que ya no existirá para cuando haya nuevos recursos. 

Pero los recortes generalizados tienen una consecuencia negativa. Lo que puede ocurrir es que, o bien se demuestre que los recursos fueron insuficientes porque sufrimos la consecuencia de un enemigo superior o que fueron suficientes para mantener un cierto nivel de seguridad, en cuyo caso, ¿quién va a apoyar un incremento de los gastos de defensa en un futuro? Llevará a nuevos recortes hasta la práctica desaparición de las Fuerzas Armadas, lo que podría ocurrir en lo práctico en un par de décadas, si no se adoptan desde ya las decisiones acertadas que contribuyan a mantener la soberanía e independencia de nuestra nación, con unas Fuerzas Armadas austeras, pero capaces.

Por Enrique Navarro