Confirmada la suspensión de la licitación de cazas para la Fuerza Aérea de Brasil



A punto de cumplirse catorce años de la primera convocatoria, el Gobierno brasileño decidió postergar su programa y convocatoria de cara a dotarse aviones de combate, el llamado programa FX-2, por razones financieras. Si retorna el tema ya sería bajo otro formato y denominado FX-3, con una lista más amplia que la actual, reducida al Dassault Rafale (favorito a nivel político), el Boeing Super Hornet y el Saab Gripen NG. La situación entre el Gobierno –que, por otra parte, evalúa la posibilidad de adquirir un Boeing 747-8 para la Presidencia- y la FAB (Fuerza Aérea Brasileña)- es más que justificadamente tensa, produciéndose el reciente sobrevuelo a baja altura y próximo a la velocidad del sonido de un Mirage 2000, que acabó con los ventanales de todos los edificios estatales, en lo que muchos interpretan como una protesta sorda de los militares, hartos de este proceso.

No faltan quienes aluden a la obtención de condiciones cada vez más ventajosas e intercambios potenciales con Boeing y Saab, frente a Dassault, siempre favorita gubernamental, y recuerdan que en 2010, durante una reunión entre el entonces presidente Luiz Inácio Lula da Silva y Nicolas Sarkozy, el brasileño se inclinó abierta y públicamente por el Rafale, aunque analistas consideraban a los otros dos competidores más baratos. La Fuerza Aérea, ultimamente llamaba cada seis meses a que los constructores renovara su interés en el concurso, ampliando sus propuestas y manteniendo los precios si fuera posible.

Las alternativas serían lo que en la jerga interna se llama caza tampón, que significaría obtener del orden de una docena de aeronaves de combate usadas pero aún vigentes, estando entre los candidatos los modernizados Mirage de Emiratos, algunos Gripen de primera generación o F-18 almacenados en el desierto, e inclusive Kfir C-10, o incorporar un LIFT avanzado, enteramente dependiente de compensaciones industriales y lineas de crédito muy blandas.